viernes, 15 de agosto de 2014

El sentirse bien o mal es una decisión.


A veces te sientes triste o molesto por el comportamiento que tuvo otra persona contigo y no te detienes a pensar que no se trata de lo que haga o diga esa persona, se trata como tú decides que eso te afecte o no. Te estarás preguntando: ¿cómo es eso? Bueno resulta que como dije en el artículo anterior no tenemos el control sobre las acciones que toman las otras personas pero si tenemos el control sobre lo que pensamos y lo que sentimos, podemos decidir como sentirnos.
 
Sería más fácil y nos sentiríamos mejor si al recibir una ofensa  de alguien, abandonamos la conducta aprendida de elegir sentirnos mal y crear el hábito de decidir que ni sus palabras, ni sus acciones nos afecten.
 
Cuando alguien trate de hacerte sentir mal con sus acciones solo mira a la persona, sonríele y piensa que esa es su opinión pero no lo que realmente eres tú. Si te cachas aceptando lo que te dice y empiezas a sentirte mal, cambia el pensamiento y elige sentirte bien.
 
Tomando algunos ejemplos del autor Wayne Dayer podemos observar que la mayoría de frases que decimos anuncian que no somos responsables de lo que sentimos y que siempre culpamos a los demás por ello, pero si estas frases se escribieran correctamente se demostraría claramente lo contrario:

1. La frase "Me ofendiste" podría ser cambiada a "Me ofendí por las cosas que me dije a mi mismo respecto a cómo reaccionaste tú ante mi".
 
2. La frase "Me haces sentir mal", por la frase "me hice sentir mal".
 
3. La frase "Me enfermas", por la frase "Yo me enfermo a mí mismo"
 
4. La frase "Simplemente estoy molesto y no me pidas que te explique por qué", por la frase "He decidido sentirme molesto porque generalmente puedo manipular a los demás con mi enfado puesto que ellos piensan que yo los controlo".

 
 
 
 

 

 



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